Ansiedad
Puede que estés en un momento en que la ansiedad ya no te deje hacer vida normal. Que la tensión y la alerta constantes se hayan convertido en parte habitual de tu día a día y que sientas que hay veces en las que el sufrimiento se hace con el control de tu cuerpo.
Y puede que te
reconozcas en esto:
- Tienes crisis de ansiedad o momentos en los que el corazón se te acelera, te falta el aire o sientes una opresión en el pecho tan fuerte que llegas a pensar que te va a pasar algo grave.
- Te cuesta muchísimo sostener tu rutina: ir a trabajar, socializar o incluso hacer recados se ha convertido en un gran esfuerzo.
- Eres de las personas que cumple, que no falla, que está para todo el mundo…pero tú no puedes permitirte el lujo de parar aunque tu cuerpo te lo esté pidiendo a gritos ( y si lo haces o necesitas apoyarte en otras personas, te sientes tremendamente culpable).
- Sientes que tu cabeza no para de darle vueltas a todo: a conversaciones en las que te hubiera gustado contestar de forma diferente, a todo lo que puede salir mal, a las grandes y pequeñas preocupaciones del día a día…
- Vas reduciendo tu mundo poco a poco, evitando situaciones que antes no te suponían ningún problema porque no sabes cómo va a reaccionar tu cuerpo.
- El agotamiento es constante, y ni el descanso consigue recargarte.
- Sientes que ya no tienes el control: ni de tu cabeza, ni de tu cuerpo, ni de tu vida.
Lo que puede
cambiar en terapia:
- Que esas crisis o picos de ansiedad bajen en frecuencia e intensidad, hasta dejar de sentir que tu cuerpo manda más que tú en tu vida.
- Que el descanso vuelva a ser reparador de verdad.
- Conseguir bajar el volumen del runrún de tu cabeza.
- Recuperar la capacidad de sostener tu rutina diaria sin que cada cosa suponga un esfuerzo agotador.
- Ir recuperando espacios, planes y personas que has tenido que dejar en pausa por la ansiedad.
- Sentir que puedes volver a confiar en ti y en tus propios límites, en vez de vivir con miedo a que tu cuerpo te traicione.