Perinatal
La maternidad no siempre se parece a lo que una espera o le gustaría. Cada etapa del camino trae sus propios retos (que pueden removernos intensa e inesperadamente) y pueden aparecer de formas muy variopintas: la duda sobre si querer ser madre o no, la espera de un embarazo que no llega, un proceso de reproducción asistida agotador, visitas y ecos interminables, un parto traumático, un posparto teñido de luces y sombras o una pérdida devastadora de la que casi nadie habla.
Sea cual sea tu etapa en este sendero, aquí tienes tu sitio para darle (y darte) espacio para coger aire y respirar durante un rato.
¿La duda sobre si ser madre te corroe?
Puede que lleves tiempo dándole vueltas a si quieres ser madre o no, sin conseguir llegar a una respuesta clara y posponiendo tu decisión. A veces sientes que quieres, y otras ni de lejos te sientes preparada o segura de ello, y esa ambivalencia te genera más angustia que la propia pregunta en sí. Tus circunstancias, el tiempo, tu edad, tu entorno o tu pareja pueden estar metiendo mucha presión en la ecuación, pero bajo todo ese ruido, hay una parte tuya muy íntima e importante que merece ser escuchada antes de decantarte por una u otra decisión. Ha llegado el momento de darle voz.»
Quizás esto te resuene:
- Llevas tiempo posponiendo la decisión, y cada vez sientes más presión por el tiempo que pasa.
- Un día deseas fervientemente ser madre, y al siguiente no quieres renunciar a tu vida actual.
- Te preocupa arrepentirte, sea cual sea la decisión que tomes.
- Notas tanta presión desde fuera (tu edad, tu pareja, tu familia, la sociedad…) que te cuesta separar ese ruido de lo que realmente quieres tú.
- Te preguntas si serías buena madre, o si la maternidad cambiaría tu vida de una forma que no estás segura de querer.
- Sientes que esta decisión pesa más que otras que has tomado en tu vida, y eso te bloquea todavía más a la hora de decidir.
Lo que puede
cambiar en terapia:
- Tener un espacio donde explorar esta decisión sin prisa y sin juicio, sea cual sea el resultado al que llegues.
- Diferenciar lo que es realmente tuyo de lo que viene de la presión externa (el tiempo, la pareja, la familia, la sociedad…) para poder escucharte alto y claro.
- Entender de dónde viene esa ambivalencia, en vez de sentir que es un problema o una indecisión sin sentido.
- Rebajar el miedo a equivocarte, sabiendo que ninguna decisión importante se toma sin algo de incertidumbre.
- Conectar con lo que de verdad quieres para tu vida y con tu proyecto vital más allá de lo que "toca" hacer a cierta edad.
- Llegar a una decisión (sea cual sea) sintiendo que es tuya, y no una respuesta a la presión externa.
¿Estás en búsqueda de embarazo o atravesando un proceso de subfertilidad?
Puede que lleves un tiempo intentando quedarte embarazada sin conseguirlo, o que te hayan diagnosticado subfertilidad y te encuentres en ese terreno pantanoso donde nada es descartable y las respuestas no son del todo claras. Que cada mes se convierta en una ansiada espera cargada de miedo y esperanza a partes iguales, y que cada regla se sienta como un puñal rebosante de tristeza, miedo, frustración e impotencia.
Tal vez te sea familiar:
- Cada mes atraviesas esa espera cargada de esperanza y miedo, y cada regla es un golpe que se siente como un puñal.
- Sientes que tu cuerpo no responde como debería, y eso te hace dudar de ti misma o de tu propia valía.
- Te asalta el miedo a que esto no llegue nunca, por más que intentes no darle vueltas.
- Te comparas con otras mujeres que sí lo consiguen (a veces sin buscarlo siquiera), y eso te remueve tristeza, rabia o culpa a partes iguales.
- Esta búsqueda ocupa cada vez más espacio en tu cabeza, y cada vez te cuesta más disfrutar de otras cosas.
- Te sientes muy sola en esto, porque tu entorno no siempre sabe (o puede) comprender lo que estás viviendo. Solo te dicen que te relajes y te quedarás embarazada enseguida, aumentando el sentimiento de culpa.
- Evitas embarazadas, bebés o ciertas conversaciones, porque el dolor que te generan es demasiado grande.
Lo que podemos lograr en terapia:
- Un espacio donde sostener esa mezcla de esperanza y miedo que tiñen tu mes, sin tener que atravesarla en soledad.
- Acompañar el golpe de cada ciclo que no llega, para que la tristeza, la rabia o la impotencia no se acumulen sin salida.
- Dar voz a todo lo que se te remueve ante la sensación de que tu cuerpo "falla" o que no estás haciéndolo suficientemente bien mientras pones límite a los consejos no pedidos que acaban suponiendo otro machaque para ti.
- Aprender a poner distancia con las comparaciones, tanto con otras mujeres como con lo que "debería" estar pasando.
- Recuperar espacio mental y emocional para disfrutar de otras áreas de tu vida, aunque la búsqueda siga en marcha.
- Sentirte acompañada y comprendida de verdad, sin la sensación de tener que dar explicaciones ni justificarte constantemente por cómo te sientes.
¿Estás viviendo un embarazo complicado o mediante reproducción asistida?
Puede que estés viviendo un embarazo especialmente complicado, ya sea por motivos médicos, porque llegó tras un arduo proceso de reproducción asistida o por ambas cosas. Que las innumerables pruebas, ecografías y visitas estén haciendo mella en ti y te mantengan constantemente en alerta y alimentando el miedo a que algo malo pueda ocurrir, a no ilusionarte por si acaso… comiéndose el espacio íntimo que debería ser de conexión contigo y con tu bebé. Y tal vez incluso todo esto esté ocurriendo mientras tu entorno te reprocha que deberías estar feliz y relajada, que «le estás pasando al bebé tu tristeza o estrés» para acabar de rematar la situación con una buena dosis de culpa.
Y puede que te sientas identificada con esto:
- Vives en alerta constante, con miedo a que algo salga mal, aunque intentes disimularlo delante de los demás.
- Las pruebas, ecografías y visitas médicas, en vez de tranquilizarte, alimentan todavía más ese miedo.
- Te cuesta permitirte ilusionarte o conectar con tu embarazo y con tu bebé, como si una parte de ti se protegiera por si acaso.
- Si tu embarazo es fruto de un proceso de reproducción asistida, sientes que la lucha y el desgaste de ese camino siguen muy presentes, aunque ya estés embarazada.
- Evitas ciertas cosas como hacerte fotos, comprar ropa para el bebé, montar su habitación…por miedo a "gafarlo".
- Tu entorno te reprocha que deberías estar feliz y relajada, o incluso te dice que le estás "pasando" al bebé tu tristeza o tu estrés, y eso te llena de culpa además de miedo.
- Sientes mucha soledad e incomprensión en este proceso, porque no encuentras el espacio para nombrar lo que de verdad sientes sin que te juzguen.
Lo que podemos conseguir en terapia:
- Un espacio donde poder nombrar el miedo, la tristeza y la rabia que sientas, sin la presión de "estar feliz y relajada" todo el tiempo ni tener que fingirlo.
- Aprender a convivir y sostener la incertidumbre médica sin que el miedo ocupe y empañe todo el espacio de tu día a día.
- Permitirte ir conectando con tu embarazo y con tu bebé a tu ritmo, sin forzarte ni exigirte a algo para lo que no te sientes preparada.
- Si tu embarazo viene de un proceso de reproducción asistida, dar espacio también a esa lucha previa, que no desaparece mágicamente solo porque ya estés embarazada.
- Soltar la culpa de sentir miedo, nervios o tristeza, entendiendo que no le estás haciendo daño a tu bebé por sentir lo que sientes ni es culpa tuya.
- Sentirte acompañada de verdad, en un espacio donde no necesitas filtrar nada de lo que sientes para no incomodar a nadie.
¿Sientes que el parto y/o el posparto se te está haciendo bola?
Puede que el parto no saliera como esperabas o deseabas… que fuera distinto a lo que querías, que se complicara o que fuera directamente traumático, y que el posparto se te esté haciendo cuesta arriba, siendo la puerta de entrada a una inesperada y profunda soledad, tristeza, despedidas (y bienvenidas) con las que no contabas, rabia, agotamiento, recuerdos y preguntas acerca de tu propia infancia, de la forma de cuidar de tu madre, de cambios y peleas en la relación de pareja, de reacciones que sientes impropias de ti, de sentirte desbordada sin poder poner la vida o el cuidado en pausa…justo cuando menos espacio tienes para procesarlo y con una falta de sueño más que evidente.
Además, dependiendo de la red de apoyo de la que dispongas, es muy probable que la mayoría de gente sepa cuántas cacas ha hecho el bebé, pero no se haya parado a preguntarte si has podido comer algo en lo que llevas de día, si necesitas que te lleven un tupper caliente o que cojan a la criatura para que te puedas dar una ducha. No todo el mundo ve que antes de sostener a ese bebé en brazos, tú ya has pasado el desgaste de 9 meses de embarazo y un parto, sumado a la exigencia propia de la lactancia (sea cual sea) y de las obligaciones del día a día.
Con el nacimiento de tu criatura, también ha nacido una madre, y al igual que ambos necesitáis el tiempo y el espacio para conoceros, tú también lo necesitas para reconocerte y descubrirte en tu nuevo rol. Este es el momento y el espacio para cuidar a las que cuidan.
Y puede que te
reconozcas en esto:
- El parto no fue como esperabas, y te cuesta pensar o hablar de cómo ocurrió. Puede que tengas lagunas de ese día y los siguientes.
- Sientes una soledad y un agotamiento que nadie parece ver del todo, por más gente que tengas alrededor.
- Te asaltan emociones muy intensas (tristeza, rabia, reacciones que sientes impropias de ti…) que te generan culpa.
- Convertirte en madre ha removido recuerdos y preguntas sobre tu propia infancia y sobre cómo te cuidaron a ti.
- De alguna forma, la relación con tu madre la sientes diferente.
- Todo el mundo pregunta y se preocupa por el bebé, y casi nadie te pregunta a ti cómo estás o qué necesitas.
- Te sientes desbordada, sin espacio para poner en pausa ni el cuidado ni tu propia vida.
Lo que puede
cambiar en terapia:
- Un espacio donde poder hablar de tu parto, tal y como fue, sin que nadie minimice lo que sentiste ni lo que os pasó.
- Sentirte acompañada y vista de verdad, no solo como extensión para saber cuánto come, caga o duerme el bebé.
- Sostener esa mezcla de tristeza, rabia o emociones que no esperabas, sin que la culpa se sume al malestar.
- Dar espacio a lo que esta etapa remueve de tu propia infancia y de tu relación con tu madre y tu entorno.
- Cuidar también la relación de pareja, si la tienes, en medio de todos estos cambios. Reencontraros más allá del cansancio y la falta de sueño.
- Descubrirte en tu nuevo rol de madre, dándote el espacio y el tiempo para transitar los cambios y duelos que conllevan esta etapa.
¿Has sufrido la pérdida de tu bebé?
Si es así, lo siento muchísimo. No importa en qué momento ocurriera (ya sea muy pronto durante la gestación o después del nacimiento) ni cuánto tiempo lleves cargando con ello: quiero que sepas que tu dolor es totalmente real y merece todo el espacio y tiempo que necesites.
Este es uno de los duelos más silenciados que existen. A veces la gente no sabe bien qué decir, o dice cosas que, aunque sean con buena intención, duelen y mucho «al menos ya sabes que puedes quedarte embarazada», «era muy pronto, no llegaste a conocerlo», «tienes que ser fuerte por el que ya tienes»…La sociedad no siempre sabe cómo acoger este dolor y lo deja sin lugar donde existir. Aquí sí lo tiene, y le daremos la importancia que merece.
Quizás esto te sea familiar:
- Sientes que tu entorno espera que estés mejor o que ya lo hayas superado, incluso aunque haya pasado poco tiempo.
- Te has sentido muy sola en tu duelo, como si no tuvieras permiso para llorar su pérdida y la gente no sabe qué decir o evita el tema directamente.
- Te preguntas si tienes "derecho" a sentir tanto dolor, sobre todo si la pérdida fue muy temprana.
- Te sientes culpable por algo que hiciste o dejaste de hacer, por no haber protegido a tu bebé…por seguir aquí sin tu criatura.
- Te cuesta estar cerca de embarazadas, bebés , o de fechas relacionadas con la pérdida (la fecha prevista de parto, aniversarios…).
- Si tienes pareja, notáis que cada uno vive este duelo a su manera, y eso a veces os distancia en vez de uniros.
- Si has vuelto a quedarte embarazada, o lo estás intentando, sientes una mezcla de ilusión, miedo y culpa que es difícil de explicar y gestionar.
Lo que podemos conseguir en terapia:
- Un espacio donde tu dolor no necesite justificarse ni medirse por el tiempo de gestación o de vida de tu bebé. No necesitas pedir perdón ni permiso por sentir lo que sientes.
- Poder hablar de él o ella (con su nombre, si lo tiene) sin que nadie te pida pasar página antes de estar preparada.
- Ir soltando la culpa, sabiendo que no hiciste nada para que esto pasara.
- Transitar el duelo sin sentir que tienes que debes llevar tu dolor sola o ni en silencio.
- Acompañar la relación de pareja, si la tienes, para que el duelo pueda vivirse desde el respeto a los tiempos y formas de cada uno.
- Cuidar también vuestra relación de pareja, si la tenéis, para que cada uno pueda vivir el duelo respetando sus tiempos y a su manera sin que el dolor os separe.
- Si estás en un embarazo posterior o planteándotelo, trabajar el miedo y la ambivalencia para poder vivirlo lo mejor posible. Dándole espacio sin dejar que engulla toda tu experiencia.