Trauma
Puede que recuerdes una experiencia que marcó en tu vida un antes y un después, o quizás no puedas concretar o ponerle nombre a nada en particular, solo que hay un malestar que se resiste a irse por más que intentes racionalizarlo o dejarlo atrás.
A veces la mente nos protege guardando ciertas experiencias en un lugar al que cuesta acceder, mientras que el dolor se queda en nuestro cuerpo (de formas muy diversas) sin saber muy bien ni de dónde viene ni por qué no termina de irse, afectando al día a día y a la forma de relacionarnos con los demás, con nosotros mismos y con la vida.
Tal vez esto te resuene:
- Puedes identificar esa experiencia con claridad, o quizás solo sientas que hay "algo" ahí, sin conseguir ponerle nombre ni ubicarlo del todo.
- Tu cuerpo reacciona con fuerza (taquicardia, tensión, ganas de huir o de quedarte paralizado…) ante situaciones que, racionalmente, sabes que no son peligrosas.
- Hay momentos en los que sientes que te desconectas, como si te alejaras de ti mismo o de lo que está pasando a tu alrededor.
- Te cuesta confiar en los demás, o vives con la sensación de que en cualquier momento algo malo puede volver a pasar.
- Evitas, casi sin darte cuenta, lugares, personas o situaciones que de alguna manera te recuerdan a lo vivido.
- Sientes que te es muy difícil conectar de forma profunda con la gente, y que de alguna manera hay una especie de muro o vacío entre tú y los demás que nadie o casi nadie puede sortear.
- Notas que una parte de ti sigue ahí, anclada en aquel momento, mientras el resto de tu vida ha seguido su curso.
- Tienes pesadillas, recuerdos, imágenes o pensamientos que aparecen sin que los busques, y te cuesta mucho desengancharte de ellos o apartarlos.
- Sientes que, de una forma u otra, siempre acabas repitiendo la misma historia: las mismas situaciones, dinámicas, tipos de persona, relación o desenlaces y que "siempre te pasa a ti".
Lo que podemos conseguir en terapia:
- Contar con un espacio seguro donde ir a tu ritmo, sin presión para hablar de nada para lo que no te sientas preparado.
- Entender por qué tu cuerpo y tu mente reaccionan así, comprendiéndolo como una respuesta adaptativa de supervivencia con sentido y coherencia.
- Que esas reacciones intensas (taquicardia, tensión, ganas de huir, bloqueo…) vayan perdiendo fuerza con el tiempo.
- Reducir esos momentos de desconexión, sintiéndote más presente en tu cuerpo y en lo que ocurre a tu alrededor.
- Recuperar la sensación de seguridad y confianza, tanto en ti mismo como en tus relaciones con los demás y en la vida.
- Que las pesadillas, los pensamientos intrusivos o los recuerdos que aparecen de golpe vayan perdiendo intensidad y frecuencia.
- Acercarte poco a poco a personas, lugares o situaciones que ahora evitas, sin forzar nada.
- Derribar, poco a poco, ese muro que sientes entre tú y los demás, para poder conectar de forma más profunda y genuina con quien tú quieras hacerlo.
- Reconocer los patrones que se repiten en tu vida, para que puedas tomar elecciones distintas y así deje de "pasarte siempre lo mismo".
- Recolocar lo vivido como ese capítulo tan duro dentro de tu historia, sin que determine el presente ni todos los que están por escribir. El resto del libro está en tus manos.